2. Alergias ambientales y estacionales
El polvo, el polen, los ácaros, los pelos de mascotas e incluso los cambios de clima pueden desencadenar una reacción alérgica en el cuerpo. Cuando eso sucede, el organismo libera histamina, una sustancia que provoca congestión, estornudos y un aumento de la producción de mucosidad.
Si vives en un lugar con mucha humedad o cerca de áreas verdes, podrías estar expuesto a estos factores sin darte cuenta. Y si la flema aparece más en ciertas épocas del año o cuando limpias la casa, es muy probable que una alergia esté detrás de todo.
3. Sinusitis o rinitis crónica
La sinusitis, especialmente cuando se vuelve crónica, puede provocar que la mucosidad de los senos paranasales gotee hacia la garganta (lo que se conoce como goteo postnasal). Esa mucosidad puede causar carraspeo constante, tos seca o una sensación de “nudo” en la garganta.
En estos casos, la persona suele notar que la flema es más abundante en las mañanas o cuando se acuesta, ya que el moco se acumula mientras duerme.
4. Irritantes del ambiente
A veces, la causa está justo frente a nosotros. El humo del cigarrillo, los vapores químicos, los ambientadores en aerosol o incluso los perfumes fuertes pueden irritar las vías respiratorias. Cuando esto ocurre, el cuerpo reacciona generando más mucosidad como mecanismo de defensa.
No hace falta ser fumador para sufrirlo; el humo de segunda mano también puede causar este tipo de irritación, al igual que trabajar en ambientes cargados de polvo o gases.
5. Infecciones respiratorias que no se terminan de curar
Un resfriado mal cuidado, una bronquitis o una gripe que se arrastra por semanas pueden dejar residuos de inflamación en la garganta o los bronquios. Esto hace que el cuerpo siga produciendo moco incluso después de que la infección ya se fue.
A veces, la flema persiste por semanas, sobre todo si se ha abusado de antibióticos o si el sistema inmunológico está debilitado.