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El riesgo de no actuar a tiempo

Lo más peligroso de este tipo de casos es subestimarlos. Algunas personas creen que se trata de un golpe, de “mala circulación” pasajera o de un problema que se resolverá solo con reposo. Sin embargo, detrás puede estar escondida una trombosis que, si no se detecta, puede acabar en complicaciones mortales.

La trombosis venosa profunda, en particular, es una de las emergencias más temidas en medicina vascular. Si un coágulo viaja a los pulmones, puede bloquear la circulación y causar una embolia pulmonar, una condición que requiere atención inmediata y que puede ser fatal.

¿Cómo se diagnostica?

Cuando una persona llega al médico con un cuadro así, lo primero es descartar una trombosis. Para ello se utilizan pruebas como:

  • Ecografía Doppler: permite ver si la sangre circula correctamente en las venas.

  • Análisis de sangre (dímero-D): mide sustancias que indican la presencia de coágulos.

  • Resonancia magnética o tomografía: en casos más complejos o cuando se sospechan coágulos en zonas profundas.

    Tratamientos más frecuentes

    El tratamiento dependerá de la causa exacta, pero entre las opciones más comunes están:

    1. Anticoagulantes: medicamentos que impiden que los coágulos crezcan o se formen nuevos. Son esenciales en la trombosis venosa profunda.

    2. Medias de compresión: ayudan a mejorar la circulación en personas con insuficiencia venosa.

    3. Drenaje linfático: en casos de linfedema, se utilizan masajes especializados y vendajes para reducir la acumulación de líquido.

    4. Antibióticos: si la causa es una infección como la celulitis, el tratamiento con antibióticos intravenosos suele ser indispensable.

    5. Cirugía o intervenciones: en algunos casos graves, es necesario colocar filtros en la vena cava o realizar procedimientos quirúrgicos para eliminar coágulos.

      La importancia de la prevención

      Aunque no siempre se puede evitar que aparezca un problema así, hay medidas que ayudan a reducir el riesgo, sobre todo de trombosis:

      • Mantenerse en movimiento, evitando pasar muchas horas sentado o de pie sin moverse.

      • Usar medias de compresión si hay antecedentes de problemas circulatorios.

      • Hidratarse bien durante viajes largos en avión o en carretera.

      • No fumar, ya que el tabaco aumenta el riesgo de coágulos.

      • Mantener un peso saludable y practicar ejercicio regular.