A veces el cuerpo nos habla de formas muy claras, y una de ellas es cuando una pierna empieza a inflamarse de manera exagerada y cambia de color hasta verse morada o amoratada. Esta situación no solo resulta alarmante a la vista, sino que también es una señal de que algo serio puede estar pasando en el organismo. No es un simple “golpe” ni algo que deba dejarse pasar esperando a que se resuelva solo.
Quien ha vivido esta experiencia sabe lo impactante que es ver cómo una de sus piernas se hincha tanto que llega a duplicar el tamaño de la otra, con un color oscuro que recuerda a un hematoma gigante. El dolor, la pesadez y la dificultad para caminar son síntomas que acompañan este cuadro y que deberían ser una alerta inmediata para buscar atención médica.
¿Por qué puede suceder algo así?
La inflamación y el cambio de color de una pierna suelen estar relacionados con problemas circulatorios. Entre las causas más frecuentes están:
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Trombosis venosa profunda (TVP): ocurre cuando se forma un coágulo en una vena profunda, normalmente en la pierna. Ese coágulo impide que la sangre fluya correctamente, lo que provoca hinchazón, dolor y coloración violácea. Es una condición grave porque el coágulo puede desprenderse y viajar hasta los pulmones, causando una embolia pulmonar.
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Insuficiencia venosa crónica: cuando las válvulas de las venas no funcionan bien, la sangre se acumula en las piernas. Con el tiempo, esto causa inflamación, cambios en la piel y manchas oscuras.
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Linfedema: se trata de una acumulación de líquido linfático en los tejidos debido a obstrucciones en el sistema linfático. Esto no solo inflama la pierna, sino que también la vuelve rígida y pesada.
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Infecciones graves (celulitis): algunas infecciones bacterianas en la piel y tejidos blandos pueden causar enrojecimiento intenso, dolor y, si no se tratan, evolucionar hacia una coloración más oscura.
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Problemas cardíacos, renales o hepáticos: en algunos pacientes, una falla en estos órganos puede provocar retención de líquidos e inflamación de las piernas, aunque no siempre con el cambio de color tan marcado.
Síntomas que acompañan esta condición
Además de la inflamación y el color morado, las personas suelen experimentar:
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Dolor o sensibilidad al tacto.
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Sensación de calor en la pierna afectada.
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Dificultad para caminar o mover la pierna.
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Piel tensa, brillante o con aspecto estirado.
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En casos más graves, fiebre y malestar general (cuando hay infección).
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